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VIRTUAL conciencia crítica y expresión libre de Pátzcuaro y cercanías |
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Por medio de la presente... MARTHA EYZAGUIRRE (o la Maga, según queráis) Más que una propuesta pedagogizante, o la pretensión del establecimiento de una serie de “estrategias para fomentar la lectura y la escritura”, que no corresponde para nada con lo que me importa decir, quiero utilizar ésta, para mí, deliciosa oportunidad de compartir con ustedes, (im)posibles lector@s de El Carrujo, las preguntas que, cada cierto tiempo (sobre todo, de crisis) hacen que me distraiga, me ausente, me fugue de la llamada realidad cotidiana. Pensar, pues, parece que se llama. ¿Por qué escribimos? Evidentemente, hay una necesidad social, sobre todo en espacios académicos y, no se diga, en los “círculos intelectuales”, pero, más allá de los parnasos y olimpos de lo culto y los cultos, escribir, leer, ¿para qué? Mi experiencia personal con la lectura y escritura es, como toda experiencia amorosa, profundamente subjetiva, apasionada e “ilógica”, si quieren. Fue “amor a primera vista”, y es el sentimiento de amor más permanente en mi vida. Los libros, mis libros, mis cuadernos, los objetos ligados al proceso de la lectura y de la escritura, son pertenencias preciadas, gozadas, cautelosamente guardadas, en ciertos casos. Escribo para mí, y me aprendo en la escritura. Leo para mí, para establecer un diálogo con otr@s, que, lo confieso, me son indispensables, mucho más que muchas personas “de carne y hueso” que he conocido, conozco y conoceré en mi vida. Irme a la cama con un libro es la intimidad que privilegio en mi vida. Ni el hombre que amo ha llenado tantas noches, tantas tardes, tantas horas de amor correspondido. Nadie me ha dado el consuelo que he hallado en ellos, nada me ha colmado el alma, el corazón (y la cabeza, but of course) como las palabras que he escuchado de ellos. Por eso, siempre digo: Sólo si podemos trasmitir ese deslumbramiento, esa sobrecogedora emoción que produce abrir un libro, tocarlo, subrayarlo, doblar la esquina superior derecha en esa página que marcamos porque nos marca; sólo si reconocemos que, como diría Savater, los libros son hechos por el ser humano, pero nosotr@s también somos, ya, los libros que hemos leído; sólo entonces podremos asegurar que tendremos libros, y lector@s, para siempre.
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