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VIRTUAL conciencia crítica y expresión libre de Pátzcuaro y cercanías |
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¿Y yo por qué?
A Belén, con pesar.
RICARDO BRAOJOS Le pregunta el hijo a su madre, o padre si es que también participa en la actividad familiar, cuando le dicen que no se debe de juntar con alguno de sus amigos. ¿Le dirán acaso que es una decisión arbitraria porque los padres de ambos tuvieron algún malentendido, o en una de esas, de plano no se soportan? ¿O será más fácil y autocomplaciente decir que ese niño es una mala influencia por lo que hacen sus padres? Claro que esto es mucho más fácil y nos libra de toda culpa en la decisión, pero ¿se vale? ¿Tenemos derecho a coartarles la vida a nuestros hijos por culpa de los accidentes que vivimos en la nuestra? Por supuesto que no, ¿o acaso alguno de nosotros está dispuesto a que alguien nos impida ser amigo de quién se nos pega la gana? Creo en y defiendo el libre albedrío, aunque muchas veces sea utilizado en mi contra, ni modo hay que apechugar. Muchas veces me encuentro con que aquello que defiendo se me revierte por medio de mi hijo y que bien. De eso se trata, que nuestros hijos sean independientes y de esa manera puedan aprender de nuestros errores. Claro que para ello debemos de aceptarlos y reconocer, que muy a nuestro pesar, no somos perfectos y mucho menos tenemos la razón. ¿De que manera pretendemos que nuestros hijos crezcan y se desarrollen, si por principio no les permitimos conocer aquello que no conocemos o con lo que no concordamos? Tengo claro que cosas no me gustaría que mi hijo hiciera, pero si él decide que eso es lo que le interesa, no tengo más alternativa que aceptarlo y apoyarlo, incondicionalmente. Por supuesto que trataré de hacerle ver que cosas apruebo y que cosas no, cuales considero que son los pros y los contras de lo que quiera hacer, pero si a final de cuentas esa es su decisión, no tengo ningún derecho de impedírselo, a menos que con ello estemos afectando la independencia e integridad de un tercero. ¿Qué tipo de educación le damos a nuestros hijos si en nuestra vida manejamos una doble moral, que por un lado pretende hacer amistades a la fuerza, y por el otro hablamos todo lo mal que nos es posible de ellas porque reprobamos su manera de ser? ¿No sería mucho más fácil no pretender hacer amistades disímiles si no estamos dispuestos a aceptarlos como son? Desgraciadamente lo más común es querer moldear a la gente a nuestra conveniencia. Yo prefiero la heterogeneidad, que nos enriquece y nos hace crecer. ¿Por qué no mejor tratar de conocer y aprender porqué la gente es y vive de otra manera? ¿Será que detrás de todo esto tenemos un gran miedo a encontrarnos que a lo mejor el mundo perfecto que nos creamos no lo es tanto? O peor aún, ¿qué el mundo que nos encontramos y contra el cual hemos sido vacunados nos ofrece una infinidad de tesoros por nosotros desconocidos o secretamente, y muchas veces culposamente, anhelados? Es mejor mantener la barrera de nuestros prejuicios, no vaya a ser la de malas. No es fácil, pero sí muy satisfactorio encontrarte con que a lo largo del tiempo has podido desarrollar verdaderas amistades, a pesar del mundo de prejuicios con los que cargamos, con personas que en un principio creímos que sería imposible. Yo prefiero arriesgarme y conocer, preguntar, confrontar, claro que para que eso suceda satisfactoriamente esto debe de ser mutuo, un dar y recibir. No hay nada mejor que dejarse sorprender por lo que se nos aparece enfrente, aunque sea complicado y confrontador. Me gusta saber lo que la gente realmente piensa, ya que así podemos desarrollar los puntos en común y saber dónde estamos parados. Este principio hace que las cosas estén claras y podamos desarrollar sólidos lazos afectivos. Pienso en aquellos amigos con los cuales sé que tengo diferencias de fondo, pero eso no evita que podamos querernos y ayudarnos, porque mantenemos un principio fundamental, el respeto a lo que la otra persona piensa y es. A partir de ahí, todo es conocimiento.
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